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Angelus 28 agosto 2016

Los maestros Ishayas y el “SPA de la Conciencia”

Desde hace varios años desembarcan en Uruguay un gran desfile de gurús, y maestros de espiritualidad new age y terapias de dudoso origen. Entre ellas, llegó en el 2005 el movimiento de los Ishayas, con su líder Sakti Ishaya o Isha, quien además de brindar varias conferencias en Montevideo y Punta del Este, ha desarrollado sus “técnicas” y conferencias por varios países de América Latina, especialmente en Colombia, México, Chile, Brasil y Argentina.

Isha Judd, de origen australiano (Melbourne, 1962), cuyo verdadero nombre es Jennifer Lee Duprei, que luego se llamó Heather Isobel Judd. Según ella misma relata tenía una vida exitosa como cantante profesional y domadora de caballos, pero no era feliz completamente y a los 28 años tuvo un primer “clic” a raíz de la muerte de varias personas cercanas y luego de pasar por momentos muy duros, se sintió iluminada y descubrió que podía sanarse. Se dio cuenta de que “era responsable de todo”.

A los 39 años había encontrado lo que todos buscaban: la paz interior y “la dicha para fluir”. Guiada por unos maestros que le enseñaron la “ascensión” y la “sanación” física y espiritual, describe su método como una herramienta para conectarse y tener una experiencia de “amor-conciencia”. No es otra cosa que la autoconciencia gnóstica de que somos Dios y no lo sabíamos.

Se instaló en Uruguay, después de varios años de idas y venidas, en el balneario Costa Azul, en el departamento de Canelones, donde convive con varios maestros “Ishayas”. Tiene allí un local llamado “Centro I” o “El Spa de la Conciencia”. No puede uno distinguir ciertamente si se trata de un templo gnóstico o una suerte de “Hotel-SPA New Age”.

Cuando uno lee los libros de Isha, como “La Revolución de la Conciencia” u “Oye, Dios despierta”, resulta evidente que aunque se presente como un cúmulo de técnicas psicológicas y orientales para aliviar el estrés, aprender a amarse y vivir más plenamente, en realidad el lector se encuentra ante un discurso religioso cuyos contenidos son una reedición de viejas doctrinas gnósticas, como aquella que sostiene que la divinidad es una “chispa divina” que está encerrada en nuestro interior y tenemos que despertar hasta tomar conciencia de que somos parte de la divinidad, del “Uno”.

Escribe Isha: “el universo me mostró cuán equivocada estaba: era, mucho más qué una Ishaya; me volví Todo, la ilusión se mostró tal cual era, y grité: ” ¡No puedo creer cuán grande soy! No existe nada que yo no sea. Soy todo, soy todos, es todo lo que existe. Nada de esto es real. Yo soy el creador y la creación. ¡Yo soy Dios! Sólo existe el amor y me es difícil creer lo feroz que puede ser el amor, pero sigue siendo amor… Todos somos Uno. Todos somos Dios y lo único que existe es el amor“.

Muchas de las doctrinas que pueden encontrarse en sus libros son una amalgama de panteísmo, pensamiento mágico, gnosticismo y esoterismo, todo en un vago lenguaje de espiritualidad abierta y positiva.

Si bien el grupo se presenta como novedoso, atractivo e inofensivo, según varios investigadores, “no es más que una secta new age con un discurso religioso disfrazado de terapia y técnicas anti estrés”. Conocemos testimonios de personas que hace años practican el sistema y se manifiestan felices y sin conflictos con el grupo, pero hay muchos otros que han dado la voz de alarma.

En el año 2012, varias denuncias en Argentina y en Uruguay han dejado en evidencia el engaño y las secuelas psicológicas en los adeptos a sus cursos y seminarios. El abogado argentino Héctor Navarro acusó a Isha de “reducción a la servidumbre”, “estafa”, “ejercicio ilegal de la medicina”, “manipulación psicológica”, e “inducción al suicidio”.

Con un gran poder económico y equipo de abogados se ha defendido de muchas de estas acusaciones, aunque los testimonios de ex adeptos afectados de diversas formas siguen testimoniando en las redes sociales sus experiencias negativas.

” Yo fui una incauta que buscaba aprender alguna técnica de relajación para evitar las contracturas por el estrés. Y fui a Uruguay una semana y salí espantada, esta mujer decía ser una iluminada, negaba totalmente a Dios y se hacía rendir culto por los más devotos” (Susana).

“Llevo dos años desde que dejé el sistema isha después de haberlo practicado por 8 años. Justo hace tres años estaba en Uruguay en el centro de Isha cuando nos enteramos (porque ellos mismos nos lo dijeron) que había una demanda en contra de isha y de Enid, por parte de algunos ex estudiantes y ex maestros. En ese momento me pareció increíble lo que comentaban, pues sentía un enorme amor por el Sistema, por Isha y los maestros. He pasado justamente por todas las experiencias que describen quienes, después de pasar mucho tiempo con Isha, han intentado dejarla: gran depresión, miedo, confusión, imposibilidad de relacionarse y, una gran resistencia mental para dejar de practicar. Esto lo comenté por teléfono con los maestros y por correo electrónico con Isha Judd y todo lo que me dijeron es que requería ir al psicólogo. Estos expertos en la conciencia de paz interior, durante los 8 años que estuve con ellos nunca me dijeron que requería ir al psicólogo, solamente cuanto quise dejarlos” (Rafael).

Fue conocido en los medios también el caso de las hermanas Paula y Silvina Lippold, quienes después de escuchar a Isha en Buenos Aires, llegaron al centro “I” en Uruguay en 2005 y querían seguir la “mística” de Isha. El relato de Paula Lippold es uno de los 15 testimonios contra la fundación que preside Isha contenidos en la denuncia penal presentada el 20 de abril de 2012, en el juzgado de Atlántida, Uruguay.

A través de varios canales de TV en Argentina se leyeron públicamente documentos del Centro “I”. Cuando se anotan a realizar el taller de Unificación intensiva, tienen que firmar un contrato que dice lo siguiente: “La Fundación Isha Educando para la Paz estará exenta de toda responsabilidad en caso de daño físico, mental, emocional, material y de cualquier otra índole, ya sean auto-infligidos o ocasionados por terceras personas a los participantes en los talleres de unificación intensiva“.  Si alguien le pide que firme ese contrato, ¿no sospecharía?

Por otra parte, para ser maestro tienen que hacer este compromiso: “Me comprometo a rendirme a mi maestra Isha. La rendición viene de la conciencia y el respeto a una conciencia más elevada. Confío en que ella me estará sosteniendo en mi grandeza cuando yo no tenga una visión clara“. Dándole así a la líder total poder sobre lo que uno piensa.

Muchos de los testimonios positivos de sus practicantes son sinceros y obedecen a los mismos resultados y “descubrimientos” que hacen muchas personas que en una búsqueda espiritual auténtica, encuentran en la espiritualidad gnóstica del New Age: un poco de paz y un nuevo sentido a sus vidas.

Las creencias de que todo está en su interior, que son “Uno” con toda la realidad, que todo depende de la mente y que somos Dios, son ideas que seducen a mucha gente que desconoce el trasfondo de estas doctrinas y sus fundamentos antropológicos. Al mismo tiempo viven en una gran dependencia de su líder que les va anulando cualquier visión crítica del sistema y de la forma de ejercer el liderazgo de Isha.

No necesitamos aclarar la obvia incompatibilidad de la fe cristiana con un conglomerado de creencias gnósticas y panteístas, donde no hay otro dios que no sea uno mismo, formando parte de un universo divinizado. Aunque su panteísmo tiene una jerarquía según el “nivel de conciencia”. Según varias denuncias de ex-adeptos, Isha al “estar a un nivel superior de conciencia” está por encima de todos los demás y se le rinde cierta devoción como un ser superior “cuya autoridad se asemeja a cualquier líder megalómano de típicas sectas destructivas”.

Algunos programas de TV donde se conocieron denuncias:

La basura se convirtió en música y también en película

“El mundo nos envía basura, nosotros devolvemos música”. Esta frase se convirtió en un verdadero lema. Su autor es Favio Chávez, el director de la famosa orquesta de Cateura (Asunción del Paraguay) que hace música con instrumentos reciclados cuyos componentes fueron encontrados en uno de los vertederos más grandes del país.

Es que la historia de esta orquesta empezó a conocerse hace algunos años cuando trascendió la iniciativa de Favio de agrupar diversos materiales provenientes de un vertedero junto a otras personas que viven de la recolección y el reciclaje de la basura.

Por ejemplo, un violín hecho con una asadera vieja, guitarras de lata, cellos con bidones de aceite, además de otras como contrabajos, violas, flautas, saxofones, trompetas y trombones hechos con restos de basura.

Ahora, a través de la película “La Orquesta de Cateura” (“Landfill Harmonic”) -estrenada recientemente en Paraguay y dirigida por los estadounidenses Brad Allgood y Graham Townsley- se muestra cómo una orquesta nacida en un lugar de descarte logró dar la vuelta al mundo para sorprenderlo con su música.

“El mundo vio un vertedero, ellos vieron una oportunidad”, expresa el tráiler de esta película coproducida entre Paraguay y Estados Unidos.

A través de la cinta es posible conocer cómo fueron los orígenes de esta orquesta, la historia de los primeros integrantes y los llamativos instrumentos reciclados utilizados para tales fines.

Del nerviosismo a la confianza

Cuando empezaron, los integrantes de esta agrupación no convencional sentían los nervios propios de cualquier debutante. Ahora, ya con varios años de gira, la confianza suele imperar entre ellos.  “Actualmente hay unos 30 miembros estables en la banda en edades entre 10 y 21 años”, cuenta un reportaje de El País de Madrid.

El trabajo de estos jóvenes ha merecido el reconocimiento de artistas de renombre como la del bajista de Megadeth, David Elles, que en una oportunidad viajó de incógnito hasta el barrio paraguayo para conocerlos o de la propia banda Metallica que los invitó a actuar de teloneros durante su gira latinoamericana, agrega El País de Madrid.

Justamente, una de las integrantes de la banda, Ada Maribel Ríos Bogado, nunca imaginó el alcance de lo que estaba haciendo junto a su orquesta y que conocería otros países del mundo y a músicos que solo podría ver por la televisión.

“Pienso que estoy en un sueño y que en algún momento voy a despertar”, expresó en el documental luego de abrazar a Elles.

Pero más allá de la fama, lo curioso de los instrumentos, la conmoción que generan a nivel mundial y en artistas de renombre internacional, lo más importante es el fin con el que se empezó a transformar la basura en música.

Justamente, a través de la misma se pretendió formar a niños y jóvenes que vivían en condiciones de vulnerabilidad y de exclusión social en una zona de Asunción del Paraguay. Gracias a esta iniciativa la vida de estos menores empezó a cambiar, se dieron cuenta que podían proyectar su vida y que sus sueños ya no quedarían enterrados en un tacho de residuos.  Y mientras el mundo aplaude la música y el ingenio, estos jóvenes, sus verdaderos protagonistas, celebran la vida.

¿Lo más importante en el matrimonio? La misericordia

El camino de la reconciliación en el matrimonio, el camino del perdón, es el camino que lleva a la alegría. Pero no siempre es fácil recorrer este camino.

Decía el papa Francisco en la exhortación Amoris Laetitia: “Cuando se puede amar a alguien, o cuando nos sentimos amados por él, logramos entender mejor lo que quiere expresar y hacernos entender. Superar la fragilidad que nos lleva a tenerle miedo al otro, como si fuera un competidor. Es muy importante fundar la propia seguridad en opciones profundas, convicciones o valores, y no en ganar una discusión o en que nos den la razón”.

El perdón nos libera para amar con alegría. Es un camino largo. Somos sólo dos en la vida matrimonial. No hay un tercero en discordia que ponga paz entre nosotros o solucione los conflictos. Solos entre nosotros deberíamos ser capaces de llegar a una reconciliación perfecta.

Pero no siempre es posible. El orgullo me impide ceder. Me impide perdonar. Me impide olvidar. Y una y otra vez vuelvo a aquella escena guardada en mi corazón en la que fui herido por la actitud del otro. Por su omisión. Por su orgullo. Por sus palabras hirientes cuando decía quererme tanto.

Cuando vuelvo a revivir los sentimientos no puedo perdonar. ¿Cómo voy a perdonarle ahora? Quiero que sepa que tengo razón.

Pero eso, en realidad, no es lo importante. Lo que de verdad vale es la misericordia. Lo más valioso es que nuestros hijos vean cuánto nos amamos y cómo nos perdonamos.

El peor testimonio es el de unos padres que no se aman. Se tratan con indiferencia. Tal vez no se pelean delante de ellos, pero no hay complicidad ni cariño. Esa relación distante es el peor recuerdo que les podemos dejar a nuestros hijos.

Lo que de verdad guardarán será el amor hondo y verdadero. Se asombrarán ante la madurez y delicadeza de nuestro amor. Tal vez nos vean pelearnos, pero también nos verán perdonarnos.

Es fundamental que vean que somos capaces de amar con el corazón entero. Que somos capaces de perdonarnos sin límites. Una y otra vez. Y volvernos a mirar con inocencia, entregándonos de nuevo la confianza.

Hace tiempo un matrimonio en sus bodas de oro escuchaba cómo comentaba su hija: “Lo que he aprendido de mis padres a lo largo de muchos años es su capacidad para perdonarse una y otra vez”.

Me conmovió. No se quedó ella en las peleas, en las discusiones, en las palabras fuertes que más de una vez tuvo que sufrir. Lo que quedó grabado en el alma fue la capacidad de sus padres para volver a empezar una y otra vez de cero. Su capacidad para pedir perdón y perdonar. Eso es lo importante.

Puede que un matrimonio no discuta nunca, o muy poco. Puede ser. Los hay. Pero a veces esa falta de discusiones es porque cada uno vive su vida. Caminan en paralelo, pero no unidos. No hay tensiones, no se rozan. No discuten porque han dejado de esperar algo del otro. Y las tensiones surgen con el roce.

El recuerdo de unos padres que se perdonan es muy valioso. Nunca se iban a la cama sin reconciliarse. Ojalá no se hubieran peleado, es verdad. Pero una vez que ocurrió, era necesario el perdón, la misericordia.

Es como el pecado. Ojalá no pequemos, pero la experiencia de la misericordia de Dios después de haber suplicado de rodillas perdón, humillado, con lágrimas en los ojos, la mirada del sacerdote al perdonarme en el sacramento del perdón, esa mirada que no juzga, acoge y perdona, esa mirada que me recuerda a la de Dios, esa mirada me salva,… esa experiencia de misericordia construye mi vida. Es la roca que me da seguridad.

Por eso entiendo que el verdadero amor perdona siempre. No se queda en juzgar quién tiene la razón. El verdadero amor abraza siempre, para poder volver a empezar de nuevo.

A veces el querer tener razón ciega el amor y lo hace incapaz de la misericordia. Y ya lo decía el papa Francisco en la exhortación: “La misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia”.

La misericordia es lo más importante en el matrimonio.

Aprecia a tu pareja: Díselo por escrito

Los hombres de mi vida son los mejores hombres que conozco. Incluyendo al patriarca histérico con el que tenía que lidiar, la mayoría de los hombres que he conocido son muy buenas personas y doy gracias por compartir mi vida con ellos.

Mi marido es la mejor persona que conozco. Se parte el lomo trabajando por nosotros; siempre se sacrifica en favor de sus amigos, siempre se esfuerza al máximo, siempre dispuesto a ofrecer su chaqueta si alguien tiene frío, incluso la camiseta si hace falta.

Actúa así porque tiene una gran disciplina y un amor propio que le hace querer dejar huella con su trabajo y ser competente allá donde le toque estar. También actúa de esta forma porque Cristo es la motivación de su trabajo, de su moral y de sus instintos.

Cuando los niños aún eran pequeños y decidimos juntos que yo me quedaría en casa para criarles, que merecería la pena todo el ahorro necesario y los malabares en la economía familiar, él cogió dos empleos.

Sí, yo cortaba el césped, cierto, preparaba las comidas de la familia, recordaba todos los cumpleaños y hacía la mayor parte de las compras navideñas, llevaba un pequeño proyecto empresarial –infructuoso– y me reunía con los profesores e iba a los entrenamientos de fútbol y fútbol americano.

Era mi privilegio, y si él hubiera podido venir conmigo, lo habría hecho en un santiamén. Pero no podía.

La vida es difícil. Hay que trabajar duro. Con una sonrisa en el rostro.

La mayoría de las noches llegaba a casa a tiempo para bañar al mayor y hacer cosquillas al pequeño en la barriguita, y cuando tenía que quedarse en el trabajo y se perdía esos momentos, le dolía.

Con el tiempo, dejó el segundo trabajo, iba a la universidad los fines de semana, estudiaba hasta entrada la noche, se sacó un Máster en Dirección de Empresas y luego –porque los chicos ya eran bastante mayores– aceptó la responsabilidad añadida de ser jefe de tropa de los scout, para poder compartir todas esas experiencias de acampadas, exploración y liderazgo con los chicos. Y todavía trabajaba con horarios infernales.

Nuestros dos hijos son scouts de rango águila, el más alto, y los dos insisten en que jamás lo habrían conseguido sin su padre.

Cuando necesito un descanso –un retiro, una noche con los amigos–, cualquier cosa, mi marido en seguida responde que “por supuesto, yo me encargo de lo demás”. Y a veces vuelvo del retiro y me encuentro el salón pintado como sorpresa, por ejemplo.

Cuando su hermano menor estaba agonizando, este hombre que es mi marido nunca usó ese estrés adicional que padecía como excusa para quejarse, perder los nervios, regañar o menospreciar a nadie de su entorno.

En todas las cosas que he querido probar y planificar, cualquier aventura, él me ha animado. Para él, nunca es suficiente cuando me ayuda. Igual que si tuviera que ayudarte a ti.

Con mi artritis ganando terreno constantemente, él simplemente me releva en cualquier actividad que me empieza a resultar difícil, porque da por sentado que yo haría lo mismo por él.

Y creo que… probablemente sí, lo haría. Claro que lo haría. Pero seguramente no conseguiría hacer el resto de las tareas tan bien –o con tanta alegría– como él.

Me ha salvado la vida. Y no es una fantasía, sino un hecho. Me hizo madurar, me obligó –por virtud de su ejemplo– a ser menos asilvestrada y más humana.

Me mostró cómo vivir en realidad y cómo vivir acorde con una fe sustentada en un amor incondicional.

Hay veces que yo lo enredo todo —puedo llegar a ser un auténtico dolor de muelas—, pero él nunca se rinde conmigo.

De hecho, no usamos Corintios 13 en nuestra boda, pero él lo personifica:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 
El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. 
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

No es perfecto, por supuesto, y claro que discutimos. Pero cuando se equivoca, no tarda en disculparse. Y cuando está en lo cierto, no me lo restriega. No disfruta con mi derrota.

Comparto todo esto no porque quiera alardear de la bendición que es tener a este hombre por esposo, sino para animaros a buscar el momento de escribir todas las cosas buenas sobre vuestro esposo o esposa, para que podáis valorar vuestras propias bendiciones.

Porque a veces, sólo te das cuenta realmente de algunas cosas cuando las escribes. Amén.

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